AQUÍ PUEDES VER MIS DIBUJOS, DISEÑOS Y MUEBLES TRANSFORMADOS, QUE HE REALIZADO A TRAVÉS DE LOS AÑOS. ESPERO QUE TE GUSTEN. GRACIAS.

viernes, 1 de mayo de 2015

Pequeña y vieja silla, transformada en...



Esa vieja sillita, ha permanecido en mi casa, al menos, desde que yo tengo uso de razón (cosa que no estoy seguro de poseer). Siempre ha estado en la cocina y era usada por mi madre, para poder llegar a los armarios superiores. Fue pintada hace muchas décadas, de blanco y después, de azul pálido. Hace muchos años, se decidió tirarla, pero yo, supongo que por nostalgia, por haber crecido viéndola, me negué. Ha estado rodando y escondida por la casa, mucho tiempo. Hace unas semanas, me quedé observándola y decidí que había llegado la hora de transformarla, antes de que definitivamente, acabara en la basura.

Aunque cueste creerlo, se me ocurrieron, como siempre me curre, varias ideas para decorarla. Cada día me decidía por una distinta, pero al final, elegí, como si hubiera escasez de color rojo en mi vida, elegir el rojo chino que uso como si no hubiera un mañana.






Para horror de mi hermano, no quise restaurar desperfectos, erosiones y defectos, debidos al paso del tiempo. Estaban ahí y seguirían ahí. No quería dejarla como nueva. Simplemente, decorarla.

Elegí un motivo antiguo de rosas, para adornar, mediante decoupage, el asiento. Este es y lo pongo aquí, por si a alguien le gusta y lo quiere usar.






Al imprimirlo, me quedaron los colores muy pálidos. ¡Las impresoras son una mierda! Lo retoqué añadiendo más rojo a las rosas.






También le añadí unas bolas de madera a las patas, que coloqué con espigas de madera y cola, para después, pintarlas de oro.

Además, como entiendo muy bien a John Galliano, cuando dice eso de que es como una urraca y le atrae todo lo que brilla, y yo soy cualquier cosa menos minimalista, le añadí purpurina dorada al borde de los pétalos y pegué lentejuelas varias en oro.






Y decoré también, con brillos varios, dorados, piedras rojas, doradas y brillantes, patas y respaldo, además de, por supuesto, un par de borlas con cuentas. Y barnicé todo para protegerlo.









El resultado es una mezcla de, según yo lo veo, cultura china, mexicana y harén turco. 




lunes, 8 de diciembre de 2014

Mi parka de los galgos


Le pedí a Dionisio que posara para las fotos.
Aunque tiene mejor cuerpo que yo, tampoco le quedaba
la parka mucho mejor que a mí. 
Yo mejoro mucho vestido.



A nadie le sorprenderá, a estas alturas, mi pasión por los perros y en especial, por los galgos. Esa ha sido una admiración que me ha acompañado toda la vida y más aún, a partir de compartir mi vida con varios galgos y borzois (galgos rusos).

Tengo una parka color khaki, que me resultaba demasiado parka y demasiado khaki. Le empecé a añadir, parches, chapas y broches de galgos, que había ido comprando en eBay. 









Como para mí, nunca parece haber suficiente de nada, decidí, un día de esos en que se acumulan las ideas sobre proyectos de carácter "creativo", customizarla aún más. Y por supuesto, el tema seguiría siendo los galgos.

Hice una plantilla (con un plástico rígido que arranqué de una caja de cartón), con la silueta de un galgo y pinté con la técnica del estarcido, un galgo negro en un bolso de la parka.








Como al pintar el galgo, lo hice lo más grande posible, la cabeza montaba sobre la tapeta del bolso, por lo que le pinté entero, debajo de la tapeta y sobre esta, otra vez la cabeza.








Luego le pinté un rayado atigrado al estilo de mi Lolita, con pintura de oro y algún toque de blanco.




También cambié los botones, que eran feos 
y sin ninguna importancia





Además, sobre la tapeta del bolso, decidí que debía haber letras, diciendo algo... una declaración o un lema.




Y le hice un collar con un trozo de cinta de tartan rojo



En la parte posterior de la parka, al haber mucho espacio libre, opté por pintar un borzoi con una plantilla que ya utilicé en otras ocasiones.




Le pinté todo de oro, como mi Tallulah
y luego le añadí blanco y otro collar.

He de decir que nunca he sido bueno con los pinceles,
por lo que ruego sean ustedes indulgentes

También, al haber mucho espacio,
añadí una declaración muy cierta para mí,
usando la plantilla del alfabeto y escribiendo 
algo que vi un día en la web y me gustó mucho.




"SI, AMO A MI BORZOI
TANTO COMO VOSOTROS AMÁIS
A VUESTROS HIJOS"

Y es verdad, escandalice a quien escandalice.




viernes, 22 de agosto de 2014

Vieja mesilla de noche, transformada en... algo rojo y brillante



Alguien que se creía muy creativo, pintó de azul y blanco, esta vieja mesilla de noche. Tan creativo era, que le cortó las patas (¡Que horror!) y pintó hasta el mármol (¡Terrible!). Al decapar el mueble y eliminar toda la pintura, se apreciaba que antes de azul y blanca, esta mesilla fue roja y blanca; incluido también el mármol.

Tras todo el esfuerzo para eliminar capas y capas de pintura, con una pistola de calor, incluidos los tiradores metálicos, la mesilla quedó bastante triste, para mi gusto. Como daba mucha pena, me propuse alegrarla.






El mármol era imposible dejarlo impoluto y sin rastro de pintura, 
por lo que tuve que utilizar una lijadora, con lo que quedó,
obviamente, absolutamente mate.






Compré unas bolas de madera, para añadirselas a las patas 
con unas espigas y cola y así, alargarlas unos centímetros.






Pensé en varias posibilidades, para decorar el mueble.
Como además, mi vida es un caos, con escaso tiempo libre,
he tardado meses en terminar el trabajo. Durante este tiempo,
cambiaba de ideas, colores y materiales...

Un día, me fijé en unos rollos de papel que había comprado 
hace tiempo. Papel cubierto de purpurina brilli brilli,
roja y oro. ¡Se me encendió la bombilla!






También busqué en mi caja de molduras y elegí unas a las que cubrí 
de pintura dorada y ya puestos a rizar el rizo, pegué unas piedras rojas.






Con piezas del papel elegido encoladas, fui forrando el mueble.

Quienes me conocen o conocen mis muebles decorados,
ya saben que tiendo a excederme y complicarme la vida.
¡Con lo fácil que sería pintarlo de blanco uniforme de arriba a abajo!
Pero yo no soy de esos gustos minimalistas, por suerte.






Ya finalizado el empapelado, le cubrí entero con al menos,
seis manos de barniz, para protegerlo y en concreto,
para proteger la purpurina.

También le añadí un remate al mármol, que para volver 
a hacerle brillar, también barnicé con varias manos.

¡Voilá!





A la anilla del tirador de la puerta, por supuesto,
le añadí una borla con cuentas.
¡Era inevitable!






Algunas fotos, al estar hechas sin flash,
han salido un tanto movidas, pero con flash,
el color salía más anaranjado e irreal.






Para integrar el mármol con el mueble, antes de barnizarlo,
le añadí algunas vetas con oro.







Dependiendo de la luz recibida, el brillo y fulgor 
del mueble, resulta espectacular.
Sí, ya se que no es precisamente para todos los gustos,
pero se trata que sea del mio, perdónenme.






Como, si algo falta en mi casa, además de salud y dinero,
es espacio, he quitado una pequeña silla que no usábamos,
para ubicarlo. Aún no sé que le colocaré encima.
he improvisado con cuatro cosas, para las fotos.







La bella rusa, Tallulah, en el marco sobre la mesilla
y tumbada en el pasillo.






Pues yo creo, que además de llamativo,
este pequeño mueble posee sentido del humor.
¿O también serán cosas mías?

jueves, 19 de diciembre de 2013

Silla recogida de la calle y transformada en regia silla con borlas




Cada vez que describo la transformación de un mueble y menciono las borlas añadidas, puedo oír las risas, pero es lo que hay. Solo coloco borlas allí donde no solo son necesarias, si no además, imprescindibles. No sé muy bien si para el mueble en cuestión o para mi espíritu, cada vez menos elevado.

Un día me encontré en la calle, esta silla de más arriba. es muy parecida a las de la mesa de comedor de mi casa, pero esta tapizada en un precioso damasco de terciopelo verde. El problema es que no tiene respaldo. Alguien se lo llevó. Eso hizo que Oliver, mi hermano, pensara otra vez que soy un completo tarado.

Oliver: "¿¡Para que coño quieres una silla sin respaldo!? ¿Estás idiota?"

Yo: "¡Ya se me ocurrirá algo! ¡De hecho, ya se me ha ocurrido!"

Oliver: "¡Buáh! ¡Ya está con sus tonterías!" 

Eso es lo que dice siempre que me pongo con mis bricolages. Pero cuando las termino, enmudece. Yo diría que parece impresionado.

Después de cortar las dos piezas de madera que habían formado parte del respaldo y que ya no servían para nada, lijé toda la silla. Apliqué oro en algunos detalles.







Luego, la barnicé, con un barniz satinado. 
Mejoró muchísimo el aspecto de la madera.

Busqué unas cintas de pasamanería para tapicería 
y decidí añadir dos, combinándolas.







Compré una moldura que pinté de oro.







Añadí a la moldura unas espigas de madera,
con cola para madera, para sujetarla a la silla. 
Haciendo agujeros en la moldura y la silla,
con un taladro eléctrico.

Y le pegué, en el motivo central, 
una piedra de cristal roja que pensé también,
que resultaba imprescindible.






A cada extremo de la moldura, 
le añadí una anilla de latón.






En Ebay.uk, compré unas borlas de un tono rojo, 
casi granate, que pensé que daría "El toque Alberto" 
que la silla necesitaba.

(Vuelvo a oír risas)







Dionisio, aún sin transformar,
sirviendo de modelo para las borlas.

Las doradas son para mi siguiente proyecto.

Unas cuantas borlas más tarde...

¡Voilà!






(Espero que reparen ustedes también,
 en la borla verde de la parte central
delantera de la silla)

¿Ven como las borlas eran imprescindibles?

¡Pues eso!





El bonito Margarito, definiendo lo regio de la silla.





Por favor, sean ustedes indulgentes. Gracias.