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viernes, 22 de agosto de 2014

Vieja mesilla de noche, transformada en... algo rojo y brillante



Alguien que se creía muy creativo, pintó de azul y blanco, esta vieja mesilla de noche. Tan creativo era, que le cortó las patas (¡Que horror!) y pintó hasta el mármol (¡Terrible!). Al decapar el mueble y eliminar toda la pintura, se apreciaba que antes de azul y blanca, esta mesilla fue roja y blanca; incluido también el mármol.

Tras todo el esfuerzo para eliminar capas y capas de pintura, con una pistola de calor, incluidos los tiradores metálicos, la mesilla quedó bastante triste, para mi gusto. Como daba mucha pena, me propuse alegrarla.






El mármol era imposible dejarlo impoluto y sin rastro de pintura, 
por lo que tuve que utilizar una lijadora, con lo que quedó,
obviamente, absolutamente mate.






Compré unas bolas de madera, para añadirselas a las patas 
con unas espigas y cola y así, alargarlas unos centímetros.






Pensé en varias posibilidades, para decorar el mueble.
Como además, mi vida es un caos, con escaso tiempo libre,
he tardado meses en terminar el trabajo. Durante este tiempo,
cambiaba de ideas, colores y materiales...

Un día, me fijé en unos rollos de papel que había comprado 
hace tiempo. Papel cubierto de purpurina brilli brilli,
roja y oro. ¡Se me encendió la bombilla!






También busqué en mi caja de molduras y elegí unas a las que cubrí 
de pintura dorada y ya puestos a rizar el rizo, pegué unas piedras rojas.






Con piezas del papel elegido encoladas, fui forrando el mueble.

Quienes me conocen o conocen mis muebles decorados,
ya saben que tiendo a excederme y complicarme la vida.
¡Con lo fácil que sería pintarlo de blanco uniforme de arriba a abajo!
Pero yo no soy de esos gustos minimalistas, por suerte.






Ya finalizado el empapelado, le cubrí entero con al menos,
seis manos de barniz, para protegerlo y en concreto,
para proteger la purpurina.

También le añadí un remate al mármol, que para volver 
a hacerle brillar, también barnicé con varias manos.

¡Voilá!





A la anilla del tirador de la puerta, por supuesto,
le añadí una borla con cuentas.
¡Era inevitable!






Algunas fotos, al estar hechas sin flash,
han salido un tanto movidas, pero con flash,
el color salía más anaranjado e irreal.






Para integrar el mármol con el mueble, antes de barnizarlo,
le añadí algunas vetas con oro.







Dependiendo de la luz recibida, el brillo y fulgor 
del mueble, resulta espectacular.
Sí, ya se que no es precisamente para todos los gustos,
pero se trata que sea del mio, perdónenme.






Como, si algo falta en mi casa, además de salud y dinero,
es espacio, he quitado una pequeña silla que no usábamos,
para ubicarlo. Aún no sé que le colocaré encima.
he improvisado con cuatro cosas, para las fotos.







La bella rusa, Tallulah, en el marco sobre la mesilla
y tumbada en el pasillo.






Pues yo creo, que además de llamativo,
este pequeño mueble posee sentido del humor.
¿O también serán cosas mías?